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Proyecto Visión 21

Cada vez estamos más separados de la fuente de conocimiento y sabiduría

Recientemente tuve la inesperada oportunidad de participar brevemente en una clase de introducción a la filosofía en una institución terciaria en la ciudad en la que resido. Dado que me considero un filósofo (tanto en sentido académico como existencial de esa palabra), acepté la invitación. La clase resultó iluminadora, pero no de la manera esperada.

El profesor proyectó en la pantalla un video de YouTube, de cinco minutos de duración, sobre el tema del día. No hubo otra explicación que “Escuchen con atención”. En el video aparece un filósofo leyendo una reseña de un libro escrito por otro filósofo sobre un diálogo de Platón (Apología) en el que Platón cita a Sócrates.

Dicho de otro modo, yo (nivel 0) escucho a un profesor (nivel 1) que muestra el video de un filósofo (nivel 2) que lee un documento escrito por alguien más (nivel 3) de algo que escribió otro filósofo (nivel 4) sobre Platón (nivel 5) citando a Sócrates (nivel 6).

El resultado, obviamente, fue similar al del conocido juego infantil del “teléfono descompuesto” en el que alguien susurra un mensaje al oído de otra persona y así sucesivamente hasta el último participante comparte el mensaje en voz alta, sólo para descubrir que el mensaje final no refleja en absoluto el mensaje original.

Pero en este caso no se trataba de un juego infantil, sino de una de las más profundas observaciones de Sócrates sobre la existencia humana: la vida no examinada no merece ser vivida (es decir, no es una vida plenamente humana).

Básicamente, esa frase de Sócrates, filtrada a través de Platón, de un filósofo, de una reseña, de otro filósofo, y de un profesor, terminó siendo interpretada como “Una vida sin las comodidades o las cosas que nos gustan no vale la pena”. Nada se dijo de la búsqueda de la sabiduría, de la verdad, de la belleza y de la justicia, ni, mucho menos, del cultivo de la virtud.

Ese enfoque me recordó que, en mis épocas de profesor, cada vez que yo les pedía a mis estudiantes de filosofía que me dijesen qué quiso decir Heráclito cuando dijo “No se puede entrar en el mismo río dos veces”, inevitablemente la respuesta era “Es mejor no cometer el mismo error dos veces”.

La breve experiencia en la clase de filosofía (en realidad, un superficial encuentro sobre superficiales argumentos) dejó en claro cuántos niveles nos separan no sólo de la antigua filosofía griega, sino de toda otra fuente de sabiduría. Por eso, el pensamiento de Sócrates, de Jesús, de Buda o de quien sea se trivializa y comercializa desprejuiciadamente.

Aún peor, la filosofía se presenta (así sucedió en la clase a la que asistí) como una herramienta para ganar argumentos. ¡Pobre Sócrates! Tanto se esforzó para distanciarse de los sofistas (hasta pagándolo con su propia vida) para ahora se presente a Sócrates en un videíto precisamente para promover los sofistas!

El español Enrique Santín decía que “El futuro se piensa”. Para nosotros, entonces, parece no haber futuro. 

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