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Proyecto Visión 21

Las tecno-sirenas actuales resultan más engañosas que las Sirenas mitológicas

El libro 12 de la Odisea relata el encuentro de Ulises con las Sirenas, esas peligrosas criaturas que con sus seductores cantos atraían los marineros hasta llevarlos a un destino fatal. Siguiendo el consejo de Circe, Ulises se preparó y preparó a su tripulación de tal manera que, trabajando en conjunto, tanto él como sus marineros escaparon de la trampa.

Ulises les ordenó a sus compañeros de viaje taparse los oídos con cera de abejas para no escuchar los cantos de las sirenas y que lo atasen a él al mástil del barco para poder escuchar el seductor canto, con órdenes de no desatarlos sino hasta cierta distancia después de haber pasado la zona de peligro. La lealtad mutua evitó una desgracia.

Una reciente relectura de este conocido episodio me llevó a pensar que, en el viaje de la vida (un viaje de constante autodescubrimiento y reencuentro) no podemos enfrentar en soledad los grandes desafíos, sino que solamente podremos sobrepasar esos desafíos si contamos con sabios consejos y con personas en las que confiamos y que confían en nosotros.

De hecho, la Odisea puede verse (entre otras muchas interpretaciones) como una profunda descripción simbólica del viaje que cada uno de nosotros realiza a través del tiempo, la identidad (mejor, identidades) y la transformación. Por así decir, estamos en un constante proceso de llegar a ser. Y, cada tanto, escuchamos esos seductores cantos del pasado que buscan distraernos.

Las Sirenas le prometieron a Ulises el conocimiento de todas las cosas. Las “sirenas” modernas, ahora digitalizadas y algoritmizadas, nos seducen con nostalgia, miedos, y potentes emociones cuidadosamente calculadas para reemplazar “la lógica por el espectáculo, discurso racional por la imagen emocional, el argumento por el efecto y la verdad por la apariencia”, como dice el filósofo español José Manuel López García.

Una relectura metamoderna y existencial del encuentro entre Ulises y las Sirenas nos permite pensar que ya nos hemos dejado seducir por aquellas “canciones” (es decir, narrativas) que alguna vez aceptamos como verdades indudables, pero que ahora, aunque siguen siendo emocionalmente potentes, vemos que nos llevan al naufragio personal y global.

En la Odisea, Ulises no está simplemente regresando a su hogar, sino también regresando a sí mismo, que se puede interpretar como el acto de reconectarse con el futuro emergente. El peligro de las Sirenas es que su canto interrumpe ese proceso con la seductora promesa de seguir un “atajo” que, lejos de acercarnos al final del viaje de autodescubrimiento, lo anula definitivamente.

En el siglo 21, las “sirenas” cantan para vender, para “secuestrar” nuestra atención y para evitar que contemos con personas de confianza en nuestras vidas que nos ayuden a no ser seducidos. Pero creo que ya es demasiado tarde. Las tecno-sirenas susurran cantando en las redes sociales, fragmentando la sabiduría y el pensamiento.

Ya no navegamos por mares míticos, pero las tecno-sirenas aún cantan. No desde islas rocosas, sino desde pantallas. ¿Qué significa que el único mástil al que puedo atarme sea una conversación con un algoritmo?

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