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Proyecto Visión 21

La IA genera temor, o quizá tenemos miedo de nosotros mismos

Al creciente temor (real o imaginario) de que la inteligencia artificial (IA) nos dejará en poco tiempo a todos sin trabajo, se suma ahora un nuevo miedo, el de que la IA nos quite a todos en poco tiempo nuestro libre albedrío y nuestra capacidad de actuar, según recientes declaraciones de Jack Dorsey, cofundador de Twittter (ahora X).

En una entrevista con el Foro de Oslo por la Libertad, Dorsey sostuvo que la IA (incluyendo redes sociales y sus algoritmos) tiene, en su versión actual, un impacto negativo en nuestro libre albedrío (es decir, nuestra libertad) porque esos algoritmos limitan nuestras opciones a una elección entre algoritmos, sin que en realidad exista una verdadera opción o elección.

Dicho de otro modo, en mis palabras, la IA crea la ilusión de que estamos eligiendo, cuando en realidad las decisiones ya están tomadas porque, según Dorsey, “estos sistemas (IA, Internet, redes sociales) controlan cada aspecto de nuestra vida” y cada día “nos dicen qué hacer y qué no hacer”.

Aún peor, Dorsey sostiene que es “realmente aterrador” que esas herramientas “estén en manos de sólo cinco compañías”, todas ellas globales, altamente influyentes y muy conocidas.

Surgen entonces varias preguntas: ¿a qué realmente le tenemos miedo cuando le tememos miedo a la IA? ¿A quedarnos sin trabajo? ¿A perder nuestra libertad? ¿O a algo todavía más profundo, más aterrador e incluso más existencial?

Quizá nuestro verdadero miedo de la Inteligencia Artificial resida en que la artificialidad de la inteligencia que nosotros mismos creamos (es decir, la externalización de nuestra inteligencia) revele, por eso mismo, la artificialidad de nuestra inteligencia natural y, como consecuencia, la naturaleza irreal e ilusoria de nuestra supuesta libertad de elección.

Quizá nos da miedo descubrir que no somos lo que creemos ser, que nuestra libertad es sólo una fantasía y que aquello que, como humanos, creemos que somos no lo somos ni nunca lo fuimos. Hemos confundido la máscara con la persona, el mapa con el territorio y la ilusión con la realidad.

Como expresó (no sé dónde) Jorge Luis Borges, la libertad es un engaño que surge de la ignorancia de ser manipulados desde el exterior. Por eso mismo, sugiere Borges en Elogio de la sombra, la libertad (en su sentido pleno) es ilusoria.

Quizá eso signifique que vivimos en un constante estado de falsedad, como aquello, dicho hace siglos por  Calderón de la Barca, que “Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando.” Tanto Borges como Calderón proponen que aquello que nos libera de la ilusión y nos despierta del autoengaño es la muerte.

Entonces, podría decirse que el miedo que genera la IA no es quedarnos sin trabajo o incluso perder nuestra libertad, sino es el miedo (mejor aún, la angustia) de que, al mirarnos en el espejo de la IA, debamos reconocer y aceptar nuestra finitud, nuestra mortalidad y nuestra inautenticidad. Quizá la sombra elogiada por Borges (y Jung) nos aceche en la IA que nosotros hemos creado.  

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