Cuando Isaac Newton anunció hacia finales del siglo 17 las leyes de la llamada física tradicional, pocos anticiparon el impacto que ese descubrimiento científico tendría en la vida diaria de las personas y en la estructura de negocios y corporaciones. Sin embargo, desde la mirada del siglo 21, el impacto de Newton en nuestras vidas resulta innegable.
Desde esa perspectiva, resulta interesante preguntarse cómo cambiarían nuestras vidas si pudiésemos acceder a numerosas dimensiones y si estuviésemos continuamente conectados con el futuro. La pregunta surge porque recientes descubrimientos (o confirmación de descubrimientos) científicos parecen sugerir esa posibilidad, aunque sea metafóricamente.
Por ejemplo, investigadores recientemente generaron un estado cuántico de Greenberger-Horne-Zeilinger (GHZ) utilizando fotones (un tipo de entrelazamiento que generalmente involucra tres partículas), pero lo extendieron a un espacio de Hilbert de 37 dimensiones, lo que significa que el sistema cuántico tenía 37 estados o modos distinguibles.
Además de confesar que no entiendo lo que acabo de escribir, debo también aclarar que el experimento no tiene nada que ver con dimensiones espaciales como longitud, anchura o altura. En cambio, se refiere a grados de libertad cuánticos: parámetros internos del sistema descritos matemáticamente.
Sea como fuere, este experimento invita a la reflexión y abre la imaginación al pensar que algún día los humanos dejaremos la monotonía de una vida unidimensional (Marcuse) cuando, al acceder a múltiples dimensiones, seamos capaces de crear narrativas no lineales, desde múltiples perspectivas, con numerosas voces hablando simultáneamente, siempre incompletas y ambiguas.
En vez de las narrativas e interacciones a las que ahora estamos acostumbrados, se trataría más bien de una sinfonía de diálogos creativos establecida dentro de un ambiente cuántico y fractal en el que el pasado personal y el futuro compartido se entrelazan expandiendo nuestra inteligencia colectiva.
Pero no se trataría de historias caóticas, ya que la historia mantendría coherencia, pero no lineal, sino más bien la historia sería algo así como una función de onda con potencial narrativo y aún no colapsada.
En otro experimento, científicos del Centro de Investigación Científica Avanzada de CUNY en la Ciudad de Nueva York generaron un pulso reflejado en el tiempo, confirmando el fenómeno de reflexión del tiempo. Aunque las potenciales aplicaciones prácticas del reflejo temporal resultan asombrosas, este descubrimiento activa nuestra imaginación sobre el futuro.
De hecho, los científicos predijeron hace décadas que ondas electromagnéticas (la luz) podrían reflejarse no solo en el espacio (como en un espejo) sino también en el tiempo, si el medio por el que viajan cambia de manera abrupta y uniforme a lo largo del tiempo.
El nuevo experimento muestra que los reflejos temporales presentan primero lo último que sucedió, por lo que solamente podríamos ver la “espalda” del futuro. Además, el reflejo temporal solamente sucede cuando existe una discontinuidad en el flujo de las ondas temporales, lo que resuena bastante bien con la discontinuidad entre el pasado y el futuro en la Teoría U.
Entonces, ¿cómo sería una vida multidimensional donde el futuro se refleja en el presente y causa nuestras acciones presentes?